La Fundación Española de Reumatología organiza el webinar “Vive el verano cuidando tu salud reumática” en colaboración con una veintena de asociaciones de pacientes

El calor puede tener distinto efecto dependiendo de la enfermedad reumática, siendo beneficioso para algunas condiciones musculoesqueléticas como la artrosis y algunas artritis inflamatorias, ya que puede aliviar el dolor y la rigidez al favorecer la relajación muscular y mejorar la circulación. Sin embargo, en otras patologías puede ser perjudicial y producir el efecto contrario: aumento del cansancio, la inflamación, el edema y la fatiga. No obstante, “el verano en sí no aumenta el riesgo de brotes, pero sí factores como la exposición excesiva al sol, la deshidratación, las infecciones, la interrupción del tratamiento médico durante las vacaciones o los cambios en la rutina como la falta de descanso”, según destaca la Dra. Cristiana Siero, portavoz de la Sociedad Española de Reumatología.

Durante un seminario online organizado por la Fundación Española de Reumatología, con la colaboración de una veintena de asociaciones de pacientes, la Dra. Sieiro defiende que “lo fundamental es la planificación bien los viajes y los distintos planes que se vayan hacer durante las vacaciones y no interrumpir el tratamiento médico sin consultar antes con el especialista”.

Protección al sol y fotosensibilidad

Según la reumatóloga, post-doctorado en el Centro de Investigación de Musculoesquelética de la Universidad de Manchester (Reino Unido), “la fotosensibilidad en enfermedades reumáticas puede provocar reacciones cutáneas y activar el sistema inmunitario en algunas patologías como en el lupus, la dermatomiositis, la enfermedad de Sjögren o ciertas vasculitis”.

En cuanto a los fármacos, explica que “hay algunos que pueden aumentar las reacciones cutáneas (determinados antibióticos, corticoides o fármacos modificadores de la enfermedad como la sulfasalazina), pero advierte que la hidroxicloroquina no aumenta de forma significativa la fotosensibilidad; al contrario, ayuda a prevenir las lesiones cutáneas y los brotes del lupus”.

En relación con este tema, Patricia García, enfermera en el Servicio de Reumatología del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, indica que “se recomienda utilizar protección solar con factor SPF 50+, aplicarla entre 20 y 30 minutos antes de la exposición, renovarla cada 2 horas y evitar la exposición entre las 12 y 17 horas, con protección especial también en días nublados”. Detalla también las diferencias entre los filtros químicos (adecuados para la mayoría de pieles), con distintos formatos, y los filtros minerales o físicos (para pieles muy sensibles) y hace referencia a la importancia de usar protectores físicos como sombreros y gafas.

En el caso de sufrir lesiones cutáneas se recomienda abandonar inmediatamente la exposición solar, descansar y permanecer un día sin exponerse al sol, aplicar cremas hidratantes o calmantes, vigilar la evolución de la lesión y consultar con el profesional sanitario si no mejora o empeora.

Recomendaciones para los viajes

En cuanto a los viajes, la enfermera recuerda que viajar es seguro si la enfermedad está controlada y “la clave está en la planificación previa teniendo en cuenta el destino, incluyendo llevar medicación extra, un botiquín básico y un informe médico en inglés (en caso necesario) del especialista en Reumatología que confirme el diagnóstico y tratamiento”. También se recomienda contratar un seguro médico y verificar si hay hospitales de referencia en el destino.

“La medicación debe ir en la maleta de mano y llevarse suficiente para todo el viaje más unos días extra, por si ocurre algún contratiempo y permanecemos más tiempo fuera de casa. Si los fármacos requieren temperaturas específicas, especialmente los tratamientos biológicos, que deben mantenerse entre 2 y 8 grados, se deben transportar mediante neveras portátiles con acumuladores de frío que pueden mantener la medicación a la temperatura óptima durante viajes de hasta 8-12 horas”, señala García, quien también aconseja contactar previamente a la compañía aérea para informar sobre la medicación que requiere refrigeración. Una vez llegado al destino -añade- “se debe tener prevista también su correcta refrigeración en el alojamiento, por lo que en el caso de ir a un hotel se debe coordinar el almacenamiento de la medicación en frío durante toda la estancia”.

La Dra. Sieiro recuerda la importancia de mantener actualizado el calendario vacunal y revisarlo en el caso de realizar viajes internacionales, donde pueden ser necesarias vacunas específicas. Asimismo, recomienda consultar con el especialista en Reumatología sobre la compatibilidad del tratamiento con ciertas vacunas. “La mayoría de ellas pueden administrarse con seguridad, especialmente las vacunas inactivadas, como las de gripe, COVID-19, neumococo, hepatitis B, virus del papiloma humano y herpes zóster recombinante. Por otra parte, las vacunas de virus vivos atenuados requieren una valoración individual, ya que pueden estar contraindicadas en personas que reciben inmunosupresores o terapias biológicas. Entre ellas se encuentran la triple vírica (sarampión, paperas y rubéola), varicela, fiebre amarilla, vacuna de herpes zóster de virus vivo o fiebre tifoidea”, precisa.

También se hace hincapié en las medidas preventivas para evitar infecciones gastrointestinales y respiratorias durante los viajes, incluyendo la higiene alimentaria, el uso de agua embotellada (incluso para el lavado de dientes, en determinados países), el lavado frecuente de manos y la protección contra el aire acondicionado excesivo, enfatizando que “no se trata de evitar completamente los riesgos sino de utilizar sentido común para minimizar las consecuencias”, detalla García.

Otros hábitos saludables para el verano

Ambas especialistas destacan la importancia de mantener hábitos saludables de alimentación y ejercicio durante el verano en especial para las personas con enfermedades reumáticas. En este sentido, la Dra. Sieiro recomienda “realizar comidas más pequeñas y nutritivas distribuidas a lo largo del día, beber suficiente agua, consumir proteínas de calidad y adaptar los hábitos de ejercicio sin dejarlos completamente, sugiriendo actividades como natación en piscina (proyecto Reumafit)”. Del mismo modo, la enfermera García insiste en mantener un equilibrio en los hábitos, incluyendo la moderación en el consumo de alcohol y el aprovechamiento de frutas de temporada; así como intentar adaptar los hábitos de sueño para mantener un descanso eficiente, especialmente para pacientes con patrones de sueño alterados.