Convivir con una enfermedad reumática supone adaptar múltiples hábitos del día a día, entre ellos, la alimentación y el cuidado de la salud intestinal se han consolidado como pilares clave.

La composición de la microbiota intestinal interactúa directamente con el sistema inmunitario, influyendo de forma notable en los procesos inflamatorios que caracterizan a estas patologías.

Por ello, resulta fundamental comprender cómo la dieta mediterránea y el mantenimiento de una microbiota equilibrada actúan como coadyuvantes en la evolución de las enfermedades inflamatorias y autoinmunes.

Relación entre microbiota y patologías reumáticas

La microbiota intestinal engloba millones de microorganismos que habitan de forma armónica en el tubo digestivo. Cuando este equilibrio se altera —fenómeno conocido como disbiosis—, disminuyen las bacterias beneficiosas y se facilita la liberación de sustancias proinflamatorias a la corriente sanguínea, lo que puede incrementar la actividad o la carga inflamatoria de la enfermedad.

Diversos factores cotidianos contribuyen a la aparición de esta disbiosis: el estrés crónico, el sedentarismo, el consumo de alcohol o tabaco, las dietas bajas en fibra y el uso prolongado de determinados fármacos (como antibióticos o corticoides). En los pacientes reumáticos, contrarrestar esta alteración a través del estilo de vida es una herramienta estratégica para la mejora del estado general.

La dieta mediterránea como pauta de referencia

Aunque no existen dietas milagro, la evidencia científica avala la dieta mediterránea estructurada como el patrón alimentario con mayor capacidad antiinflamatoria para el abordaje de las enfermedades reumáticas. Sus componentes principales nutren la microbiota y protegen la integridad de la mucosa intestinal:

  • Fibra y cereales integrales: estimulan la diversidad bacteriana y favorecen la función digestiva.
  • Grasas saludables y Omega-3: el aceite de oliva virgen extra, el aguacate, los frutos secos y el pescado azul aportan ácidos grasos esenciales para modular los marcadores de inflamación.
  • Proteína de origen vegetal: se recomienda priorizar las legumbres sobre las carnes rojas o procesadas.
  • Alimentos fermentados y almidón resistente: lácteos como el yogur natural o el kéfir, así como tubérculos cocinados y enfriados previamente (patata o arroz), actúan como prebióticos y probióticos naturales.
  • Vitamina D: indispensable no solo para la salud ósea, sino también para fortalecer la barrera epitelial del intestino.

En el extremo opuesto, se aconseja reducir drásticamente los azúcares simples, los ultraprocesados, los edulcorantes artificiales, las harinas refinadas y las cocciones excesivamente agresivas o frituras, ya que al someter a altas temperaturas las materias primas pierden propiedades.

Desmitificación y pautas de aplicación práctica

A la hora de aplicar estos hábitos nutricionales, surgen frecuentemente dudas o mitos que conviene aclarar:

  • El mito del tomate: no existen evidencias de que el tomate resulte perjudicial o proinflamatorio. Al contrario, por su alto contenido en antioxidantes y lycopeno, su consumo diario es totalmente aconsejable.
  • El consumo de huevo: la pauta sobre el límite de huevos en la dieta se ha actualizado, considerándose seguro el consumo de hasta un huevo al día dentro de un patrón equilibrado. Pero luego dependerá de la salud de cada persona, el consumo de esta proteína.
  • Manejo ante la intolerancia a los integrales: si existen molestias digestivas que impiden tolerar cereales integrales, no se debe eliminar la fibra; en su lugar, se debe potenciar su aporte a través de frutas, verduras y legumbres adecuadamente preparadas.

Eso sí, es muy importante no realizar los cambios de alimentación de forma brusca, hay que realizar los cambios de forma progresiva y sostenible, contando siempre con un profesional y no haciéndolos por cuenta propia. El proceso de adaptación alimentaria debe realizarse de forma gradual. Establecer pequeños objetivos, como introducir una pieza más de fruta o una ración extra de verdura al día, garantiza una mayor adherencia a largo plazo.

La importancia de la educación nutricional

Promover una alimentación informada y adaptada a las necesidades de cada persona permite a los pacientes tomar un rol activo en la gestión de su patología. Consultar con profesionales de Reumatología y Nutrición, así como apoyarse en la información divulgada por organizaciones del ámbito de la salud, resulta clave para incorporar estos cambios con rigor y seguridad.

 

Puedes consultar el webinar al completo en nuestro canal de YouTube: Webinar: Nutrición y microbiota en enfermedades reumáticas.

Y también su transcripción en este enlace.