Se estima que medio millón de personas en España tiene espondiloartritis.
La investigación en espondiloartritis, un conjunto de enfermedades reumáticas que se estima afecta a medio millón de personas en España, vive un momento de transformación marcado por la incorporación de nuevas moléculas terapéuticas, un abordaje cada vez más holístico del paciente y un impulso decidido hacia la medicina personalizada. En los últimos años, el conocimiento científico ha evolucionado no solo en el desarrollo de tratamientos innovadores, también en la comprensión de las comorbilidades y de las manifestaciones extramusculoesqueléticas que acompañan a estas enfermedades. Asimismo, “la práctica clínica empieza a integrar de forma más sistemática las diferencias relacionadas con el sexo, un aspecto históricamente infravalorado, y a avanzar en la búsqueda de biomarcadores que permitan identificar fenotipos específicos y adaptar mejor las decisiones terapéuticas”, según ha destacado la Dra. Mireia Moreno, una de las coordinadoras de la IV Jornada nacional de investigadores del Grupo para el estudio de las espondiloartritis de la Sociedad Española de Reumatología (GRESSER), celebrada en Madrid.
Durante años, la enfermedad se asoció casi exclusivamente a varones bajo el término de espondilitis anquilosante. Sin embargo, hoy se habla de espondiloartritis como un espectro más amplio y diverso. “La prevalencia en mujeres en las formas no radiográficas se sitúa aproximadamente en una proporción 1:1 respecto a los hombres, mientras que en las formas radiográficas persiste una ligera mayor frecuencia en varones. La introducción de la resonancia magnética de sacroilíacas y un mayor conocimiento de las particularidades clínicas en mujeres han permitido mejorar de forma significativa el diagnóstico en este grupo. “Las mujeres no están menos afectadas, sino que históricamente han estado menos reconocidas”, ha resaltado la Dra. Moreno.
No obstante, -ha añadido- uno de los grandes retos sigue siendo el retraso diagnóstico en mujeres. En general, suelen presentar un fenotipo clínico distinto, con mayor fatiga, más manifestaciones periféricas como polientesitis y artritis, dolor más difuso y una vivencia de enfermedad más intensa, pero con menor daño radiográfico. Este patrón menos clásico ha favorecido que, en muchos casos, los síntomas se atribuyan inicialmente a causas mecánicas o inespecíficas, retrasando así la derivación al especialista. “Debemos desterrar la idea de que existe una única forma de presentación. Si no afinamos el fenotipado y no tenemos en cuenta las diferencias de género, perpetuamos el sesgo diagnóstico y terapéutico”, ha señalado la especialista del Hospital Universitari Parc Taulí de Sabadell, Barcelona.
Claves para preservar la calidad de vida
Del mismo modo, la Dra. Raquel Almodóvar, también coordinadora del encuentro y reumatóloga del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, en Madrid, ha destacado que el impacto del retraso diagnóstico es profundo. “La cronificación del dolor y de la fatiga incrementa la discapacidad y limita la actividad física, el descanso y la vida social. A nivel psicológico, se asocia a mayores tasas de ansiedad y depresión; mientras que en el ámbito laboral puede traducirse en bajas frecuentes, presentismo, cambios de puesto o incluso abandono del empleo, especialmente en edades de máxima productividad y en mujeres que, además, asumen cargas de cuidados”. En este sentido defiende: “Diagnosticar antes significa preservar calidad de vida, salud mental y trayectoria profesional”.
En cuanto al tratamiento, en la práctica clínica se observa que las mujeres presentan, en promedio, menor tasa de respuesta y mayor discontinuación de terapias biológicas. No obstante, las expertas matizan que estas diferencias no responden necesariamente a una menor eficacia intrínseca del fármaco, sino a factores como mayor dolor no inflamatorio concomitante, más comorbilidades, peor situación basal en resultados reportados por pacientes y menor presencia de marcadores objetivos de inflamación en algunos casos.
“Cuando ajustamos por actividad inflamatoria real y perfil clínico, las diferencias se reducen. Por eso es fundamental abordar también las comorbilidades del dolor y personalizar el tratamiento para mejorar la persistencia terapéutica”, ha indicado la Dra. Almodóvar.


