Fiebre mediterránea

Fiebre mediterránea

 

Qué es

La fiebre mediterránea familiar (FMF) es una enfermedad autoinflamatoria. Este grupo de enfermedades adquirió su propia clasificación en 1999 con el propósito de distinguirlas de las –más conocidas- enfermedades autoinmunes. En las enfermedades autoinflamatorias no existe la producción de autoanticuerpos ni tampoco se identifican células T programadas para atacar autoantígenos. Las enfermedades autoinflamatorias tienen una base fisiopatológica predominantemente hereditaria de mutaciones que conducen a una regulación inapropiada de la inflamación.

La fiebre mediterránea familiar es la más frecuente de todas las enfermedades autoinflamatorias y se caracteriza, fundamentalmente, por fiebre recurrente periódica, dolores articulares y serositis.

Epidemiología

Aunque la fiebre meditarránea familiar es la enfermedad autoinflamatoria más frecuente de todas, no es un diagnóstico frecuente. A nivel mundial, su prevalencia se estima en 1-3 casos por cada 10.000 habitantes. En España su incidencia es desconocida, entre otras cosas, por la falta de registros de diagnóstico de esta enfermedad y por la falta de conocimiento que existía sobre ella. Las poblaciones con mayor prevalencia (1/1000) son los judíos no asquenazis, turcos, armenios y árabes. Se reconoce que es más frecuente entre poblaciones de las orillas del Mediterráneo, razón por la que se incluye este referente geográfico en el nombre de la enfermedad.

El diagnóstico de esta enfermedad es raro después de los 50 años, la mayor parte de pacientes son diagnosticados antes de los 30 años y su gravedad se incrementa cuanto más temprano es el inicio de los síntomas.

Etiología

Aunque se reconoce que es una enfermedad de origen multifactorial, se ha conseguido identificar al gen MEFV, localizado en el cromosoma 16, como el punto de las mutaciones que producen los distintos fenotipos de la fiebre mediterránea familiar. Tradicionalmente se consideraba que estas mutaciones se heredan de forma autosómica recesiva, sin embargo, se ha observado que alrededor del 40% de los pacientes presentan un único alelo mutado con lo que su patrón hereditario sería dominante. Sin embargo, se ha diagnosticado fiebre mediterránea familiar en ausencia de mutaciones en este gen, por lo que no se puede decir que su origen sea exclusivamente genético.

Características clínicas

La fiebre mediterránea familiar se caracteriza por la presencia de ciclos de fiebre periódica de 48-72 horas que reaparecen de forma cíclica cada 3-5 semanas. Aunque los periodos de fiebre pueden aparecer espontáneamente, se han identificado algunos desencadenantes como infecciones, estrés, menstruación, exposición al frío, ayuno prolongado, exposición a agentes tóxicos o comidas copiosas. Otra manifestación relativamente frecuente es el desarrollo de serositis en la forma de derrames pleurales o ascitis. Con relativa frecuencia, los pacientes describen dolor muscular y articular, y con menos frecuencia desarrollan eritemas cutáneos esporádicos. De forma poco frecuente los pacientes pueden cursar con adenopatías. En el caso de los niños, una manifestación relativamente frecuente es el desarrollo de diarreas, mientras que en adultos es más frecuente el estreñimiento. Una forma fenotípica poco frecuente de la fiebre mediterránea familiar incluye como única manifestación la amiloidosis. La amiloidosis también se puede apreciar en etapas tardías de la fiebre mediterránea familiar y es la responsable del componente de fracaso renal que estos pacientes pueden desarrollar sin tratamiento.

Diagnóstico

Una vez establecida la sospecha clínica y habiendo excluido causas de la fiebre de índole infecciosa, el diagnóstico se puede establecer mediante la combinación de dos criterios clínicos: fiebre, respuesta a colchicina, serositis y presencia de amiloidosis. El diagnóstico por medio del estudio del gen MEFV tiene un importante factor predictivo positivo y en la actualidad es una prueba de rigor en el estudio de pacientes con sospecha de fiebre mediterránea familiar.

Tratamiento

En la actualidad se reconoce a la colchicina como el eje del tratamiento de la fiebre mediterránea familiar. La dosis se ajusta al peso corporal siendo habitualmente inferior a los 3mg/día. El tratamiento previene la aparición de amiloidosis y reduce o elimina los brotes febriles y otras manifestaciones de la enfermedad. En pacientes que no responden o que toleran mal el uso de colchicina, se han ensayado otras terapias como el Anakinra, el interferón alfa.