La fibromialgia continúa siendo una patología con una elevada prevalencia, situada en 2,5% de la población adulta en España, lo que supone más de 900.000 afectados en este país, según el estudio EPISER, y con un impacto significativo en la calidad de vida de quienes la padecen, pero que con frecuencia ha estado acompañada de desconocimiento, estigma o falta de visibilidad.

Sin embargo, en los últimos años, el avance en la investigación médica y la concienciación social están transformando la forma en que se aborda, se comprende y se trata este síndrome de dolor crónico.

Un avance histórico hacia la comprensión médica

Históricamente, la fibromialgia estuvo catalogada en el ámbito psicológico o psiquiátrico bajo conceptos imprecisos como «fibrositis». No fue hasta los años 90 cuando se establecieron los primeros criterios diagnósticos estandarizados y la Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoció oficialmente como una enfermedad independiente.

Hoy en día, la comunidad médica cuenta con herramientas clínicas para su identificación y abordaje, lo que ha permitido dejar atrás la etapa en la que los pacientes sufrían un rechazo o una incomprensión generalizada en el sistema sanitario.

Una enfermedad muy prevalente de causa biopsicosocial

La fibromialgia es un síndrome doloroso crónico de origen desconocido que se caracteriza por dolor musculoesquelético generalizado y sensación dolorosa a la presión en unos puntos específicos (puntos dolorosos). En muchos casos, además asocia sueño no reparador, dificultades para concentrarse, problemas digestivos y trastornos del ánimo.

En España, la fibromialgia afecta aproximadamente al 2,5 % de la población, lo que se traduce en cientos de miles de personas. Afecta predominantemente a mujeres, aunque también se diagnostica en hombres.

A nivel fisiopatológico, la enfermedad se encuadra dentro de los síndromes de sensibilización central y periférica:

  • Dolor nociplástico: a diferencia del dolor nociceptivo (por inflamación o daño muscular) o neuropático (por lesión del nervio), el dolor nociplástico surge por una alteración en el procesamiento del dolor por parte del sistema nervioso central.
  • Modelo biopsicosocial: el impacto y percepción de la enfermedad están condicionados por la interacción de factores biológicos, emocionales, psicológicos y sociales.
  • Similitudes con el síndrome Post-COVID:  amplias coincidencias sintomáticas entre la fibromialgia, la fatiga crónica y el COVID persistente han impulsado un volumen inédito de inversión e investigación internacional que podría aportar nuevos hallazgos sobre sus causas y posibles tratamientos.
  • Líneas de investigación abiertas: Se están desarrollando estudios en áreas como la neuroimagen funcional, la biopsia de fibra fina y el posible componente autoinmune en determinados subgrupos de pacientes.

Diagnóstico, tratamiento y hábitos de vida saludables

El diagnóstico de la fibromialgia es fundamentalmente clínico y requiere descartar de forma previa otras patologías concomitantes o autoinmunes que puedan solaparse.

El diagnóstico de fibromialgia, por lo tanto, es de exclusión. Es primordial estar seguro de la ausencia de otras enfermedades con tratamientos específicos como origen del dolor.

Además de la historia clínica, exploración física y las pruebas complementarias para excluir otras patologías los profesionales pueden apoyarse en cuestionarios específicos.

Para un manejo eficaz, los especialistas señalan las siguientes pautas clave:

  • Enfoque multidisciplinar: el tratamiento adecuado debe ser abordado conjuntamente por Reumatología, Atención Primaria, Psicología, Fisioterapia y otras especialidades adaptadas a cada caso.
  • Evitar la sobremedicación y los opioides mayores: los expertos advierten de los riesgos de la polifarmacia y desaconsejan el uso de opiáceos mayores, ya que pueden generar un efecto paradójico y empeorar la sensibilización al dolor.
  • Ejercicio físico adaptado: La actividad física pautada de forma progresiva (como el ejercicio en agua templada, el pilates suave o el yoga) resulta fundamental para mantener la movilidad sin sobrepasar el límite individual de tolerancia.
  • Acompañamiento psicológico y autocuidado: la terapia psicológica ayuda a gestionar el impacto emocional, la ansiedad y la adaptación al nuevo estilo de vida.

El reto del entorno y el valor del apoyo social

Llegar a un diagnóstico certero supone un alivio para los pacientes, pues pone fin a la incertidumbre y valida la realidad del dolor que sufren. Sin embargo, la incomprensión social o familiar sigue siendo uno de los mayores obstáculos cotidianos.

Aprender a convivir con la enfermedad implica redefinir hábitos y roles en el día a día. Por ello, el apoyo del entorno más cercano, la empatía en el ámbito laboral y el trabajo que realizan las asociaciones de pacientes son pilares indispensables para romper el estigma, ofrecer acompañamiento y mejorar la calidad de vida de las personas con fibromialgia.

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