Especialistas alertan sobre la desinformación nutricional en Reumatología, previo al “Mes de las enfermedades  reumáticas” que se celebra en octubre.

La relación entre alimentación y enfermedades reumáticas genera cada vez más interés, especialmente ante la proliferación de dietas milagro y suplementos que prometen reducir la inflamación o incluso curar estas patologías. Sin embargo, “la evidencia científica actual todavía es limitada y no permite afirmar que la dieta, por sí sola, pueda modificar de forma significativa la evolución de estas enfermedades. Aun así, determinados patrones dietéticos sí parecen asociarse a beneficios moderados. Entre ellos destaca la dieta mediterránea, caracterizada por un alto consumo de frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva, cereales integrales y pescado azul”, recuerda Rocío Diago Ortega, de la Unidad de Dietética y Nutrición del Centro DcienciaSalud.

“Una mayor adherencia a patrones dietéticos saludables, como la dieta mediterránea, puede relacionarse con una menor incidencia o actividad de algunas enfermedades reumáticas, como la artritis reumatoide”, explica la dietista-nutricionista, quien recalca que “se trata de un apoyo complementario y no de una herramienta curativa”.

En el contexto del “Mes de las enfermedades reumáticas”, que se celebra en octubre, Diago ha destacado que un patrón dietético rico en alimentos de origen vegetal y grasas cardiosaludables puede favorecer el bienestar general y ayudar a controlar factores asociados a estas patologías. Por el contrario, los patrones propios de la denominada “dieta occidental” -ricos en carnes rojas, productos ultraprocesados, bebidas azucaradas, snacks y dulces- pueden favorecer un estado de inflamación sistémica y empeorar la salud general del paciente.

Gluten, lácteos y suplementos: desmontando falsos mitos

Uno de los mensajes principales de la experta es la necesidad de combatir la desinformación nutricional. “Actualmente, no existe evidencia científica sólida que demuestre que eliminar el gluten o los lácteos mejore los síntomas o la evolución de las enfermedades reumáticas, salvo en casos concretos de intolerancias o patologías diagnosticadas. Asimismo, ningún suplemento ‘natural’ puede sustituir al tratamiento médico”, precisa.

Respecto a productos como omega-3, vitamina D o colágeno, la evidencia científica disponible todavía no es suficiente para recomendar su suplementación generalizada en pacientes reumáticos. Por ello, -puntualiza- “únicamente se aconseja suplementar cuando exista un déficit demostrado”.

Además, Diago advierte sobre los riesgos de la automedicación con suplementos, ya que algunos pueden interaccionar con determinados medicamentos o provocar efectos adversos si se consumen en exceso. “En nutrición, no siempre más es mejor”, recuerda.

Aunque la alimentación no ha demostrado todavía un efecto directo y contundente sobre el dolor o la inflamación, sí desempeña un papel importante en otros aspectos clave de estas patologías, como el control del riesgo cardiovascular, la salud ósea, las alteraciones en la composición corporal o el manejo de enfermedades asociadas como diabetes, hipertensión, dislipemias o enfermedad renal. Por ello, es clave trabajar la educación nutricional: “Es fundamental que los pacientes sepan que no existen alimentos prohibidos ni dietas capaces de curar estas enfermedades. La información rigurosa y el acompañamiento profesional son esenciales para mejorar su salud y calidad de vida”.

La microbiota y el sistema inmunitario: una relación clave

La microbiota intestinal juega un papel clave en el funcionamiento del sistema inmunitario, ya que ayuda al organismo a distinguir entre bacterias beneficiosas y patógenas, manteniendo el equilibrio inmunológico. Según explica Patricia Ruiz-Limón, investigadora postdoctoral del Instituto de Investigación Biomédica de Málaga-Plataforma BIONAND y del Servicio de Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Virgen de la Victoria de Málaga, “cuando se produce una alteración de la microbiota intestinal o disbiosis, aumenta la permeabilidad intestinal y se favorece una respuesta inflamatoria sistémica de bajo grado que puede desencadenar o perpetuar enfermedades inflamatorias inmunomediadas”.

En este sentido, recuerda que determinados hábitos pueden contribuir a mantener una microbiota saludable, como seguir una alimentación rica en fibra, frutas, verduras y legumbres, realizar ejercicio físico de forma regular, descansar adecuadamente y hacer un uso responsable de los fármacos. “El estilo de vida impacta directamente en la salud intestinal y, por tanto, en la evolución de estas patologías”, subraya la experta.

Actualmente, existen diferentes estrategias dirigidas a modular la microbiota intestinal, como el uso de probióticos y prebióticos, o el trasplante de microbiota fecal: una línea de investigación cada vez más relevante en enfermedades autoinmunes. “El cuidado de la microbiota puede ayudar, en parte, a favorecer periodos de remisión más prolongados en este tipo de enfermedades”, ha destacado Ruiz-Limón.

En este contexto, la Enfermería desempeña un papel fundamental en la educación terapéutica y el acompañamiento del paciente. “Es esencial ayudar al paciente a comprender que sus hábitos de vida influyen directamente en su enfermedad y en su bienestar general”, concluye.